Miedos

Esta publicación está escrita por Verónica Pombo Ruíz:

Hoy mi hija me dijo “tengo miedo”.

Entonces comencé a hablar sin hacer del todo conciencia de mis palabras hasta este momento…, incluso recuerdo haberme dicho: “se fue feliz, que buena mamá soy”.
Pero lo que en realidad pensé y sentí fue: “yo también tengo miedo” y lo he tenido siempre:

• a fallar
• a aventurarme
• a soltar
• a agarrar
• a las consecuencias
• a los resultados
• a no ser suficientemente buena
• etc., etc…

…y podría seguir con mil páginas de miedos que he pasado como el que sentí en ese momento: miedo a no poder desconectarla y ayudarla con su miedo.
Así es como me di cuenta clara que lo importante no es el miedo en sí, si no lo que haces con él. No tenía que desconectarla, solo guiarla a través de él.

Vamos por la vida intentando darle la vuelta al miedo e incluso negándolo y evitándolo sin detenernos a hacer conciencia de él. Lo importante no es el miedo en sí, si no lo que el miedo crea en ti y como reaccionas a eso… o sea: lo que decides a partir del miedo.

El miedo es una señal del sistema nervioso que indica que estás alerta y precavido, por lo cual es BUENO y si logras descifrar lo que los miedos te invitan a notar y profundizar entonces CRECES y como dice Odin Dupeiron: “no se trata de tener un pensamiento mágico pen…..: “este miedo se va a ir” o “no pasa nada”, porque ni es así, ni se va a ir y si van a pasar cosas, pero no va a pasar algo mágico, lo que suceda después depende de las decisiones que tomes”.

Se trata de darle atención y contexto, con esto puede tomar sentido en nuestra vida. Porque los miedos tienen un origen y generalmente vienen de nuestras experiencias del pasado donde no tuvimos una percepción de éxito o no se vieron satisfechas nuestras necesidades vitales. De esta manera, el miedo nos ayuda a no volver a vivir dicha frustración y los sentimientos que la acompañan. Pero la vida no se repite, nosotros la repetimos una y otra vez al dejarnos llevar sin detenernos a pensar, al no crear nuevas oportunidades por no hacerle (en este caso) caso al miedo, y al no tomarlo por lo que es, por su esencia real: un maestro que nos ayuda a crecer, que nos lleva a un camino de poder.

He tenido muchas maestras en mi vida y su figura de autoridad a veces me ha generado miedo. Tengo entre ellas, una gran maestra, Ana Signoret, que se lleva toda mi admiración. En mi maravillosa experiencia con ella, en su impulso amoroso, no deja de repetirme: “el miedo se cura con la acción” y nunca como hoy me resuena tan real. Todos tenemos miedos, costales llenos de ellos, pero en realidad son pensamientos nuestros, y generalmente un porcentaje muy bajo se hace realidad y eso es porque les damos poder y energía.

Aun escribiendo esto tengo miedos, pero me encuentro en la búsqueda como todos, tratando de ser objetiva:

• pregúntate ¿realmente a qué le tienes miedo?
• cuando creas que lo sabes, pregúntate nuevamente con esa respuesta ¿qué te daría más miedo?
• ¿qué es lo peor que podría pasar?

Y te darás cuenta que has encontrado un paradigma, pues ese miedo tiene que ver con tus propias circunstancias, patrones y hábitos que te dan la percepción del miedo. Te aconsejo:

• cuestionar estas creencias: “me da miedo porque:” (por ejemplo “no estoy lista”, “me falta prepararme”)
• preguntarte nuevamente: ¿estás 100% seguro de que esto es cierto? ¿de que no hay otra u otras opciones?
• investiga: ¿qué porcentaje le darías a que esto suceda en realidad?
• preguntarte: ¿cuántos beneficios puedes adquirir si te animas a hacerlo y que va a pasar si no lo haces?

Cuando ejercemos sobre el cerebro un estímulo como éste, de cuestionarnos, dejamos de enjuiciarnos y nos abrimos a una nueva oportunidad. El juicio limita nuestras posibilidades y cuestionarnos puede ampliarlas pues son dos cosas opuestas: nuestro cerebro no puede hacer dos cosas a la vez, no puede estar parado y sentado al mismo tiempo, no puede emitir juicios y dudar al mismo tiempo.

Toma la decisión de actuar y hacer algo, y haz algo muy bueno con tu vida.

Cuestiona tus miedos hasta el cansancio y verás que no son reales y se te abrirán las puertas a nuevas posibilidades.

PS: Mi hija tenía miedo a las montañas rusas, a sus 11 años no se quería subir ni de broma. Es fan de Harry Potter y de cumpleaños quería ir al parque del susodicho, así que estaba en este entre dicho por el miedo. Viajamos al parque, lloró, se enojó, se frustró… y se SUBIÓ a los juego. Al siguiente día, se subió, y se subió, y se subió,… y no paraba de decir: “¡lo superé!”

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s